A la luz de la ventana
Me despierta el sonido de tu voz, estás cantando otra vez en la cocina, el aroma del café llena la casa.
Entre abro los ojos y veo que apenas está amaneciendo, el cielo a través de la ventana está clareando y se tiñe de tonos azules.
Me desperezo al levantarme de la cama, camino descalzo, la temperatura es cálida, estamos a mediados del verano, camino por el pasillo, tratando de no hacer ruido para poder escuchar tu voz.
Busco mi cámara que está en la oficina a mitad del pasillo, quiero capturar tu belleza tal como es en el día a día.
Sigo avanzando por el pasillo, el suelo de madera es suave y cálido, me recuerda tu piel, la verdad que te amo tanto que todo me recuerda a ti.
Entro a la cocina, la estancia esta iluminada por los rayos dorados de la mañana, la ventana detrás de ti, dibuja tu figura a través de la seda de tu negligé.
Me encanta verte, las curvas de tus senos, la forma de tus caderas, tus piernas desnudas, apunto con mi cámara y hago la foto, llevas los auriculares puestos, así que no escuchas el sonido del obturador.
Me dispongo a hacer otra foto, te giras, y me miras sorprendida, no esperabas que estuviera ahí.
—Sonríe cariño. —Te digo.
—¿Qué estás haciendo? Estoy prácticamente desnuda, borra eso, debo estar horrible, ni me he peinado aún.
—Estás hermosa, cariño.
Miro la foto en la pantalla trasera de la cámara, sí, es hermosa, luce algo salvaje despeinada, pero hasta los pajaritos, que posados en la ventana la escuchan cantar, están embelesados con ella.
Le muestro la foto y ella sonríe.
—No está mal, aunque estoy casi desnuda.
—He querido fotografiarte desnuda y no he podido.
—Porque siempre que lo intentamos terminamos haciendo otra cosa y ni siquiera llegas a tomar una fotografía, amor.
—No puedes culparme solo a mí, tenemos que ser dos para… distraernos mutuamente.
—Ja ja, tonto, pero aun así, te amo.
—Y yo a ti, mi vida.
Nos besamos y el amor da paso a la lujuria. Si esa mesa hablara, tomamos el café recalentado con tostadas quemadas, pero se siente delicioso a tu lado.
Un dolor en el pecho me despierta, me doy cuenta de que estaba soñando, toco la cama a mi lado, tu no estás, la casa está en silencio, la oscuridad aún permanece en el dormitorio, no enciendo la luz, ¿para qué? Si tú no estás ahí.
Me levanto de la cama y me desperezo, con paso cansino me dirijo a la cocina, tampoco estás allí, solo tu recuerdo perdura en la casa, una casa llena con retratos.
Te perdí hace treinta años, por esa maldita enfermedad.
Preparo el café, lo sirvo en mi taza, siento un terrible dolor en el brazo, me doy cuenta de que no estoy bien, no me importa.
La taza se me cae de la mano, se estrella en el suelo, yo también estoy cayendo.
Al fin mi roto corazón se ha rendido, pronto estaré contigo, amor.
Fin
Este cuento, es uno que va a formar parte de una antología que en un futuro cercano estaré publicando, espero te haya gustado.